El fin de semana pasado asistimos a las Coworking Spain Conference, que este año se celebraba en Barcelona, y como sabéis ¡no iba sola! asistía con mi hija de 3 años que me acompaña allá donde yo vaya. El que ella me acompañe a reuniones y eventos, hay un par de razones más personales que algún día contaré y espero en persona.

Desde el minuto uno fue una aventura. Teníamos un largo camino por delante, no solo las conferencias, o que mi hija me acompañara a ellas, sino el mismo viaje, de Granada pasando por Málaga hasta Barcelona, con el añadido que nunca había visitado la ciudad.

Lo único que sabía de antemano con más reuniones asistiendo con ella, es que la distribución del tiempo es importante, y que la atención hacía ella es lo primero. Eso, elimina mucho estres en todo el proceso.

Hoy te quiero contar cuál fue mi experiencia, el viaje y los dos días de Conferencias. Pero como estoy viendo mientras escribo que puede ser muy extenso, primero contaré de El Viaje.

¡No te pierdas los siguientes capítulos!

El primer tramo: El Viaje de Ida

Creo que le temía más al viaje que a las conferencias. Porque si por alguna razón aparece algún «escándalo en la sala», te sales y listo. El resto lo solucionas tú. ¡Pero dentro de un autobús por más de 1 hora, o en el avión en el mismo tiempo!…eso ya es más difícil de controlar.

Antes de El Viaje, compré un par de juegos, lápices y libros para colorear que pensaba «regalárselos de a poco» Hay que racionalizar la mercancía…sabéis que tiene que durar por mucho tiempo. Por supuesto también cuenta todo repertorio de canciones para el viaje, juegos, incluso conversaciones que le puedes sacar, aunque sólo duren 10 minutos. ¡Oye, que 10 minutos son 10 minutos! y en esto todo vale.

El viaje a Málaga lo hemos hecho innumerable veces, aunque sola con mi hija creo que 2. Y no contar con un par de manos más, se siente. Pero bueno, sabía cómo iba a ser todo. Así que para el camino hacia el aeropuerto de Málaga, lo conocido y lo que resulta: Lápices y un buen libro para colorear. No puede faltar la fruta, alguna galleta y zumo.

Pero creo y reafirmo, lo que más resulta para mantener esa paz exterior e interior, es la atención hacia los niños. Ese abrazo que si dura 10 segundos, que dure ese tiempo porque lo necesita. Que si tienes que decirle a alguien con quien estás conversando «espera que mi hija me quiere decir algo» se hace.

Así que me fui en el autobús coloreando y conversando con ella. De vez en cuando revisando el móvil, para qué lo vamos a negar, pero sobretodo compartiendo el momento con ella.

Llegamos al Aeropuerto, estaba ella expectante. Aunque ya habíamos estado, incluso en calidad de viajeras, siempre el momento puede ser agradable. Entonces no te queda más que aprovecharlo, pero para eso hay que ir con calma, con tiempo, y  caminar al ritmo de los niños.

Nos movimos por el Aeropuerto con parsimonia, pasando por check-in y puerta de embarque con mucha tranquilidad, conversando con ella en todo momento explicándole lo que estábamos haciendo, por qué se llevan nuestra maleta, y por qué debemos dejar todas nuestras cosas en una bandeja antes de entrar.

 

 

El Cansancio después de 2 horas

Sip, lo tengo comprobadísimo. Más de 2 horas de cualquier cosa, es mucho para ell@s. Habíamos salido de casa a las 09:00, y ya eran las 12:30 cuando estábamos haciendo el check-in (el vuelo salía a las 15:15hrs.). Apareció el «primer problema». A ver, que las mamás somos un poco brujas en esto y sabemos las consecuencias de algunas cosas. Pero siempre se nos puede escapar algo. Os cuento la historia.

Me dejé en casa el candado para la maleta (facturarla porque siempre me quitan algo en embarque:cremas, perfumes …). Preguntando llegué a una tienda donde venden maletas y sus accesorios. A penas entro lo primero que veo son las ¡maletas para niños con ruedas! Ahí supe lo que venía…-¡Mamá quiero una maleta! ¡Mamá, una maleta con ruedas!- Estres…..-«Hija es que ya tenemos una maleta, para qué otra» «Espérame que pague y hablamos» ¡Por supuesto en ese momento no hay explicación que valga! Y de vuelta a la cola del check-in seguían las lamentaciones…..Calma, respira, y explica con tranquilidad.-«Espera que nos coloquemos en la fila y hablamos»-

Y hablamos, la cogí en brazos para tenerla cerca (así aprovechamos de abrazar) y le expliqué:

-«Tú quieres la maleta porque tiene muchos colores y tiene rueda y es bonita. Está bien, pero la verdad es que no necesitamos otra maleta, ya tenemos una, que además tenemos que entregarla para que se la lleven en el avión»- «¿Se la van a llevar?»- «Sí, así que  ¿para qué quieres otra? ¿Hacemos un trato? (siempre funciona) No vamos a comprar una maleta ahora, eso no va a pasar. Pero podemos ver una en Granada para tu cumpleaños»- «¡Siiiiii!»

¡No creáis que soy una zen en todo esto! Por supuesto más de una vez le he levantado la voz, la he mirado con enojo y me he sentido frustrada. Pero he aprendido gracias a ella a tranquilizarme (lo mismo que le pedimos a ell@s), y a pedirle perdón las veces que han  sido necesarias.

 

 

El cansancio a las 5 horas

Es gracioso como va esto: Hay un pico de estres a las dos horas de emprender algo. Luego se puede llegar a la paz, que es muy momentánea. Pero de repente ¡se vuelven a activar! Y es peor si coincide con la hora de la comida y siesta, como me pasó a mi.

Esto yo lo visualizo como «etapas» Así que luego de esta «primera crisis», lo que toca es descansar (de ahí que hay que ir con muuuuucho tiempo). Nos sentamos unos 15 minutos a comer lo que quedaba en el bolso, antes de pasar el embarque. Conversamos, salió otra vez el tema maleta con ruedas, baño, revisión del bolso, tickets en mano, y ¡niña en la mano! jejeje.

Y lo primero que hicimos fue buscar un rincón de preferencia con enchufe, ¡algo muy solicitado y que nunca hay! Nos sentamos, volvimos a descansar, obviamente ya se me empezaba a subir por las paredes. Buscaba el momento de hablar con ella y que me prestara un poco de atención. Tema Avión:

«Mira que grande el avión, a ese nos vamos a subir» «Mira las maletas, ahí está la nuestra» «Por ahí tenemos que subir luego cuando nos llamen»

Y esto puede ocasionar un mar de preguntas, que en esos momentos me siento feliz de contestarlas todas ¡y con el más mínimo detalle! para que salgan otras más. ¡Ya os dije que 10 minutos de conversación, son 10 minutos! que si sale bien, pueden convertirse en 15.

Llegó la hora de comer, muy bien todo. Aprovechamos de hacer un Hangouts con el papá. Y cuando terminamos, y sólo debíamos esperar 30 minutos para embarcar, empezó la locura. ¡ahora sí que se subía a las paredes! literalmente a mi cabeza. Subía y bajaba, saltaba y se tiraba al suelo ¿os imagináis la situación?

Sí, estábamos de vuelta en la curva de las crisis. Y esta podía ser una de las más difíciles porque estábamos en pleno momento de siesta. Este era el cansancio máximo para ella, donde estaba al borde de la «alegría por cansancio». No puedo decir nada especial aquí, sino que la máxima atención que es lo que quieren, y esperar. Esperar que nos llamaran, entráramos al avión y a dormir. ¡Por suerte tenemos preferencia los que vamos con niños!

 

En el Avión

Increíblemente fue lo más fácil, porque estaba tan rendida que fue cosa que avisaran que ya nos podíamos desabrochar los cinturones, para que se echara en mis piernas, y a dormir.

Me dio gracia que toda la experiencia del «avión» se lo tomara con mucha naturalidad. Era su segunda vez que se subía a un avión (y en la primera sólo tenía 1 año), pero caminaba como si el recorrido lo hubiera hecho muchas veces.

Nos sentamos, y lo primero que hizo fue investigar a su alrededor. Se puso el cinturón, aunque faltaba todavía unos 15 minutos para despegar. Sacó todos los papeles y revistas de su asiento. Bajó y subió, una y otra vez la «tapa» de la ventanilla (si tiene un nombre específico me lo decís!). Escuchó atentamente las instrucciones de seguridad. Y por supuesto, quería su chaleco- «Dónde está mi chaleco, me lo quiero poner»- Y la mascarilla, claro.

Pasado este tiempo, se rindió. Se acomodó, le saqué sus zapatos y a dormir……..No volvió a despertar hasta que escuchó al capitán decir que íbamos a aterrizar.

Ahora comienza otra aventura……

Viajar con un niño en avión

 

 

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